sábado, agosto 02, 2008

Trágicas Demostraciones de Fuerza (Parte 2)

9 de Julio

Juan Valdéz, un ex trabajador ferroviario de 54 años de edad había sido cesanteado del taller donde desempeñaba su labor junto a las vías del tren en 1996. Según contaban sus amigos, era un hombre menudo, silencioso y muy religioso. Luego de soportar algunos años de depresión, logró ser contratado por la Municipalidad de Tafí Viejo para desempeñarse en el vivero municipal. Para tener un mejor rédito económico, -y poder sustentar a su familia-, luchó por ser adscripto en el Consejo Deliberante de su oriunda Localidad situada a 12 Kilómetros de San Miguel de Tucumán.

En esa ciudad, había circulado un rumor de que la Jefa de Estado Nacional iba a inaugurar una serie de obras en los talleres abandonados. La expectativa comenzó a crecer, y ante la mínima posibilidad de recuperar el anterior trabajo que tanto amaba, Juan se elevó a un estado de pleno entusiasmo. Inmediatamente se reunió con otros trabajadores para acudir al acto del hipódromo de la capital Tucumana. Algunos trascendidos indicaban que gustaba participar de los actos, porque poseía una larga tradición junto al peronismo. De todas maneras siempre estaba atento a todo lo que ocurría en el ámbito de la planta fabril porque deseaba sentirse ferroviario nuevamente.

Juan se estaba reponiendo de la muerte de su padre de hacía menos de un mes. El sueño de ver de cerca a Cristina le había levantado el ánimo. Por lo tanto, salió de su casa bien temprano en Pueyrredón198, -heredada por la mamá de su mujer que también había fallecido recientemente-, y se subió a uno de los viejos colectivos que salieron de la “Ciudad del Limón”. Así lo vieron irse los vecinos de Tafí, antes de verlo retornar en un cajón para que lo velaran.

Su entusiasmo era tal , que fue el primero en llegar al lugar de la convocatoria faltando media ahora para el horario establecido. Se coló dentro de la columna que encabezaba el intendente Javier Pucharras y algunos concejales, portando una mochila en la que cargaba algunos objetos de su pertenencia. Él y su grupo estaban identificados con pecheras verdes en las que podía leerse el mensaje de apoyo dando el presente partidario con la inscripción: “Cristina, Alperovich, Pucharras”, mientras se desplazaban hasta el costado sur del palco oficial.

Sus compañeros, decidieron subirse lo más alto posible sobre las gradas de hierro de los gastados tablones de madera que ofrecía esa tribuna móvil, así podían obtener un punto de vista mucho más panorámico. A las13:20, algunos compañeros vieron que un helicóptero se preparaba para aterrizar en el césped del hipódromo. Inmediatamente todos creyeron que era la Presidenta, y desaforadamente se masificaron hacia el vallado con la idea de poder verla de cerca En ese momento, Valdéz siguió la corriente de la multitud exaltada, pero recordó que algo le faltaba, y decidió regresar sobre sus pasos para buscar unas gaseosas que habían quedado debajo de la tribuna. Instantáneamente el cielo se desplomó sobre su cabeza.

Aquella tarima móvil que se había instalado se dejó vencer por la ley de gravedad, y todos los militantes cayeron al piso. Las gradas que se desplomaron, eran de unos 15 metros de largo,y estaban compuestas de una estructura metálica delgada, endeble y oscilante, sobre la cual se posaban diez escalones de madera en estado calamitoso de putrefacción.

Ramón Salazar, un chofer que estaba a metros de esa tribuna, logró capturar visualmente la secuencia de los sucedido: “Cuando estaba por llegar la Presidenta se empezó a amover todo, y la tribuna se vino abajo". Al parecer la tribuna cargaba más gente de la que podía soportar, y finalmente la estructura cedió, estando a solo a 30 metros del palco principal. René Tula, otro testigo, expresó: “Yo estaba detrás y vi cómo comenzó a balancearse y cayó hacia la derecha. Abajo, estaban el hombre accidentado y un niño. No sé cómo se salvó el chico“.

La gente se tornó en desesperación, entre los gritos se escuchaba el intermitente y desordenado pedido de ambulancia, y la pronta atención de primeros auxilios. Federico Masso, titular de la Secretaría deAtención de Urgencias Sociales y Emergencias Climáticas, fue uno de los primeros en llegar al lugarpara abrirle el paso a los vehículos de emergencia. Los heridos fueron rápidamente trasladados al Hospital Padilla y al Hospital de Niños.

En el acceso de emergencias del Padilla llevaron a cuatro heridos, uno de ellos estaba en estado crítico. En la guardia del mismo Hospital, ingresaron otros seis lesionados con politraumatismos leves. Desde el Hospital Centro de Salud Zenón Santillán informaron que en sus registros que había otros 16 heridos con traumatismos leves e hipertensión, en estado de observación. El encargado de la guardia del Hospital de Niños de Tucumán, informó que había cuatro menores heridos, que estaban en la tribuna cuando esta se desplomó. Las edades oscilan entre los 7 a los 13 años, y tienen politraumatismos, pero todos estaban fuera de peligro. En esa guardia, Jesús, Carlos Agüero, tío de Micaela, de 11 años, y de Teresita, de12 años, internadas por el mismo accidente, aseguró que la tribuna: “estaba mal armada”, y que “no fue por exceso de peso" como dicen. "No éramos tantos y se tambaleaba. Yo entiendo de esto y le faltaban tensores de ambos lados”. El director de Emergentología de la Provincia, Juan Mazaguer, confirmó que su tocayo Juan Valdéz murió por aplastamiento y que los otros heridos tienen distintos tipos de traumatismos: “Entre los heridos, hay una mujer embarazada, que sólo sufrió un golpe con hematoma en una de sus piernas“. Valdéz murió casi en el acto, según explicó el Director del Hospital Centro de Salud. Su diagnóstico final fue: “traumatismo toraco-abdominal, fractura múltiplede costilla, fractura de esternón y traumatismo severo en la región occipital”.

Durante el acto, -que prosiguió pese al desconcierto general-, el locutor oficial anunció que sólo “fue un susto”. Media hora después, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner propuso un minuto de silencio al iniciar su discurso por cadena nacional, donde pidió a los presentes guardar un minuto de silencio en memoria de la persona fallecida, confirmando oficialmente la muerte de Juan Valdéz.

Hasta pasar la noche, el cuerpo aún no había sido entregado a su familia porque estaban esperando que finalice el proceso de la autopsia. La entrada de la Sala de Urgencias del Centro de Salud se atiborró de gente. Policías y hasta algunos custodios de funcionarios intentaban que la prensa no tomara contacto con los familiares del fallecido – y mucho menos-, que se registre el ingreso de las ambulancias con los heridos. Posteriormente, los ánimos se calmaron luego de que se diera a conocer el parte médico de los heridos. En ese tenso momento de espera, el cuñado y uno de los hermanos de Valdéz, Melek Seifer y Jorge Valdéz, dialogaron con la prensa y comentaron que, cuando llegaron, no los dejaroningresar al nosocomio. “Esas tribunas estuvieron mal armadas y se podía haber impedido la muerte”, señaló Seifer. Jorge contó que su hermano siempre asistía a los actos políticos por convicción propia y aclaró que no fue preso del clientelismo: “Acá no se le puede echar la culpa a nadie. Se podría haber evitado con una construcción menos precaria”.

Durante la atención de heridos, pudieron dialogar con los familiares de los heridos, los diputados nacionales justicialistas, Beatriz Rojkés de Alperovich, su par Gerónimo Vargas Aignasse, y el intendente de Tafí Viejo, Javier Pucharras. El ministro de Salud Pablo Yedlin, recorrió por cada uno de los establecimientos de salud donde se cobijaron a las víctimas, intentando transmitir tranquilidad a los padres de los chicos afectados. La extremada y humilde condición de los familiares de las victimas llegó a tal punto, que algunos se animaron a pedirle directamente al propio ministro, que les diera algo de dinero para poder regresar a sus hogares.

“Volví del velatorio del hermanito de una amiga. Almorzábamos y veíamos la tele cuando se interrumpió la transmisión. Escuchamos a la Presidenta pedir un minuto de silencio por Juan Valdez, de Tafí Viejo. Yo no lo podía creer”. Estas fueron las palabras de Fernando Valdez, hijo mayor de la víctima fatal, mientras recibía las condolencias de sus amigos y vecinos. También confesó que ni él ni sus hermanos estaban enterados de que su padre había concurrido al acto. Sólo su esposa, Lucía Seifer, sabía dónde estaba porque había visto una nota que él le dejó en la cama: “Mi mamá no había escuchado la tele y dijo: ¿Por qué no dicen el nombre, para que su familia se entere?’. Vino mi sobrina y preguntó que le había pasado al tío Juan. Ella empezó a darse cuenta y cuando llegaron otras personas a preguntar, se desvaneció”, relataba Fernando. Para obtener datos más precisos, él y sus hermanos llamaron a todos quienes pudieran tener noticias precisas. “Mi tío Paco (hermano de Juan) llamó para decirnos que estaba grave en el Centro de Salud. Parece que a él no le dijeron que había muerto”, señaló.

Según la apreciación de Fernando, su papá era el “mimado” del barrio Villa Colmena Norte, donde su apodo de pila era “Juancito”: “No tenía problemas con nadie. Todos lo querían; desde los veteranos con los que jugaba al fútbol, hasta la gente de la iglesia, -donde llegó a ser ministro eucarístico-. Era una persona sana, que no tomaba ni fumaba”, contó.

De inmediato recuerda a Carlos Marriera, el joven luleño fallecido el mes pasado en otro acto convocado por el kirchnerismo: “Me acuerdo que dije que era una muerte muy absurda, y ahora nos pasa esto... Hasta que no te toca, no sabes lo que se siente”, expresó con un tono en decaimiento.

Miguel Herrera, vecino y compañero de trabajo de Valdez en la Villa Obrera, exclamó: “Juan estaba deprimido desde que lo despidieron. A él le gustaba su trabajo en los talleres, era tornero”. “Fue un suceso duro e injusto. Más para aquellos que conocíamos su drama. Juan estuvo alrededor de cuatro años desempleado. En ese tiempo la pasó muy mal. Luego consiguió empleo en la Municipalidad de Tafí Viejo, aunque los primeros meses allí fueron difíciles para él y la familia”. Herrera también se enteró de la muerte viendo el discurso de la Presidenta, inmediatamente caminó media cuadra que lo separa de la casa de la familia Valdez: “Cuando llegué todo era confusión porque ellos no tenían certezas. Incluso, desde el hospital se demoraban en darles información. Luego, llegó un policía que les indicó oficialmente que Juan había fallecido. Las escenas de dolor fueron terribles”, señaló.

Durante la tarde siguiente de ocurrido el infortunio, Juan Valdéz fue sepultado acompañado de un estricto silencio.
Solo quedó tiempo para que se abriera el escenario político, dándole lugar a los discursos pregrabados de los funcionarios. Algunos repitieron los argumentos que el Gobierno esgrimió desde el mismo momento que los tablones terminaron con la vida del empleado municipal: “Valdez no fue llevado; es un militante de base que trabaja en el Concejo de Tafí, con dos concejales“, dijo uno de los voceros del gobierno tucumano. Los diputados Beatriz Rojkés y Alejandro Rossi exclamaron: “Esto fue un accidente”, sin otorgar más palabras de parte de la esposa del gobernador.

Durante el velatorio que se realizó en Tafí Viejo, amigos y familiares comentaron que la manifestación del 9 de Julio fue su primer acto, y lamentablemente terminó siendo el último, dejando sin vida aquellos sueños que terminaron de aplastar los tablones de la tribuna.

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